Cartografía de Mateo Naranjo

El recorrido empieza por el entrecejo, justo donde se encuentra uno de los siete chacras de mi cuerpo. Entramos justo a mi cabeza, a su interior, a mi mente, a mis pensamientos, allí encontramos todo lo que soy, mi pasado en recuerdos, mi niñez, mi felicidad, viajes, vacaciones, fiestas, reuniones, el colegio, mi sabiduría, todo lo que he aprendido a lo largo de estos 19 años; allí están todo de lo que tengo uso de conciencia, y todo aquello que no, lo que está ahí en lo más profundo pero que no logro traer a flote. Ahí están los buenos y malos momentos que he vivido, esta mi inteligencia, mi raciocinio, mis planes a futuro, mis proyectos y todo ese espacio que sobra para llenarlo de lo que más pueda a lo largo de mi vida.

Damos una vuelta, pasamos a los oídos, allí se encuentra mi atención, mi deseo de aprender nuevas cosas, esta mi curiosidad, tal vez mi intromisión, mi capacidad de ser un confidente, mi capacidad para escuchar a los demás, y el conducto por el que acojo las buenas noticias, aquellas conversaciones inolvidables, aquellas verdades que duelen, esas palabras placenteras.

Seguimos por mis ojos, allí esta mi atención, también mi curiosidad, mi buen gusto, mi capacidad de mostrar sinceridad, mi herramienta para el asombro, para el placer, medio para sacar las penas afuera, mis lagrimas y hasta un poco de picardía.

Bajamos directo a mi boca, allí está mi placer de saborear, de captar nuevas sanciones, mi capacidad para disfrutar de un beso, la entrada al erotismo, al afecto. Mi medio de expresarme, el conducto de mis palabras, por donde salen mis ideas, mis sentimientos, aquellas palabras de las que te arrepientes toda la vida, mi verdad, con lo que estoy de acuerdo y con lo que no, mi protesta, mi apoyo, un consejo, un te quiero, un te odio, un perdóname, un sí, un no; esas mentiras y esas verdades que cuestan decir, ahí está también mi risa, mi gozo, mis críticas, mis chistes, todo.

Bajamos a mi cuello, mi punto débil, el lugar donde mis sensaciones pueden explotar, el lugar que puede hacer que todo mi cuerpo se paralice, tiemble.

Bajamos al órgano vital de todo ser humano, al corazón. Allí están mis sentimientos, mi familia, mis amigos, la gente que más quiero, la gente que odio, mis penas más profundas. Impregnadas a él, están luces de felicidad, heridas abiertas a lo largo de mi vida, unas cerradas que fueron dejando cicatrices, otras aun abiertas, sangrantes, que tal vez no cerraran nunca, aquellos rencores, aquellos resentimientos, y en el centro, latiendo muy fuerte este Dios, mi guía, mi ejemplo, mi esperanza, mi consuelo.

Justo al lado, en el pecho, en el centro se quedaron aquellos gritos que nunca pudieron salir, de desesperación, de miedo, de tristeza, de alegría. Están aquellos sentimientos profundos que simplemente se quedan allí a salvo de la gente, aquellas verdades tan fuertes, aquellos secretos que no podemos decir, esos te quiero que nunca salieron, ese afecto tan difícil de expresar. Pero también está mi orgullo que hace que mi pecho se levante, este eso de lo que presumo, mi suficiencia, mi vanidad.

Más abajo, esta ese hueco en el estomago, aquel del que no se conoce una comprobada existencia, pero que yo se que está ahí, pues lo siento cuando tengo miedo, cuando presiento que algo importante va a pasar, allí están mis nervios, mis miedos, mi impaciencia, mi intranquilidad y aquellas mariposas que solo puede producir esa mujer especial.

A un costado se encuentran mi brazo y mi mano derecha, mi habilidad, mi fuerza, mi fortaleza, mi generosidad, mi mano amiga que puedo brindar a los demás, esa mano que puede ser la más suave  y tierna, pero que puede ser también la más dura y pesada.

Simétricamente, opuestamente al otro lado, esta mi brazo y mano izquierda, mi avaricia, mi inutilidad, mi debilidad, pero que sin embargo se fortalece apoyado por el derecho para dar el más grande de los abrazos, para entrelazarse y extender una plegaria, para realizar el trabajo pesado.

Y finalmente llegamos a mis piernas, mi fuerza, aquello que me mantiene en pie, mis cimientos, mi herramienta para ir a donde sea que quiera, para salir corriendo a un encuentro, huir de un miedo, para saltar de emoción, para dar aquellos pasos seguros hacia el progreso, para tropezar ante los obstáculos y volverme a levantar, para bailar, para sentirme libre.

Escribe un comentario